Palabras del Embajador Adam Blackwell, Quincuagésimo Período Ordinario de Sesiones de la CICAD, 2 de noviembre de 2011

Quincuagésimo Período Ordinario de Sesiones de la CICAD

Discurso del Secretario de Seguridad Multidimensional de la OEA, Adam Blackwell, en la Inauguración del Quincuagésimo Período Ordinario de Sesiones de CICAD

Buenos Aires, Argentina,  2 de Noviembre de 2011

En representación del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, José Miguel Insulza, tengo el honor y el placer de darles la bienvenida al quincuagésimo período ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana Contra el Abuso de Drogas, en la que celebramos además los veinticinco años del establecimiento de esta Comisión.

Hace 25 años esta Comisión se reunió por vez primera para dar una respuesta multilateral e integrada al problema mundial de las drogas.

Muchos de los Estados Miembros que hoy se dan cita aquí en Buenos Aires, estaban entonces gobernados por dictaduras o iniciaban la transición desde gobiernos dictatoriales  a gobiernos democráticos. Los días y los afanes de líderes políticos y estadistas estaban entonces centrados en reorientar el rumbo de un Hemisferio en el que las confrontaciones armadas internas, la inequidad social y los resabios de la Guerra Fría todavía se hacían sentir.

El Programa de Acción de Río de Janeiro, que dio nacimiento a esta Comisión, ofrecía pautas de lo que ésta debería ser en ese contexto: el desarrollo socioeconómico no sería posible en ambientes donde no existieran condiciones para la democracia y la seguridad; las políticas de reducción de la demanda y de interdicción al trafico ilícito de drogas debían ser consistentes con los Derechos Humanos, con las libertadas individuales y con el respeto a las tradiciones y costumbres de los pueblos nativos.

La enorme mayoría de quienes se reunieron por vez primera no eran jefes de las organizaciones nacionales encargadas de las políticas sobre drogas. Probablemente ellos, entonces, no tuvieran demasiada consciencia de la importancia de la entidad que estaban constituyendo.

Sin embargo bastaron diez años para que esa conciencia se alcanzara y todas las responsabilidades necesarias fueran asumidas. En 1996 la Comisión se dio cita aquí, en Buenos Aires, para aprobar una estrategia común. Durante sus primeros  diez años CICAD ya había logrado generado un consenso sobre el rumbo que debían seguir los Estados de las  Américas frente a este problema y, en esa reunión, aprobó la Estrategia Antidrogas en el Hemisferio.

Durante esos primero diez años, además, se habían logrado otros importantes frutos del multilateralismo: ya se contaba, por ejemplo,  con Reglamentos Modelo en materia de químicos y de lavado de activos, instrumentos que en poco tiempo tendrían un gran impacto positivo en el continente.

En los años que siguieron se avanzó aún más al reconocer los Estados miembros de esta Comisión que, para seguir avanzando,  era imprescindible  un Mecanismo de Evaluación Multilateral en materia de drogas. Un Mecanismo integrado por pares, no contradictorio, sin sanciones; un mecanismo compuesto por las voces de todo el hemisferio, guía de acciones y promotor de la cooperación. Un instrumento, en suma, de lo que podemos llamar el multilateralismo moderno: una acción colectiva entre iguales, destinada a buscar el fortalecimiento de los más débiles y la superación de los problemas; nunca la imposición del criterio de uno, el aislamiento del débil o el ocultamiento de los problemas.

Ese Mecanismo, que en todas las Américas conocemos como MEM, cumplió su misión. La CICAD, por su intermedio, ha aprobado una gran cantidad de recomendaciones que los países han cumplido.

En los años que siguieron la CICAD continuó avanzando y fortaleciéndose. Pero también es verdad que durante ese período surgieron problemas nuevos y algunos de los viejos permanecieron sin alcanzar solución. El Hemisferio continúa mostrando niveles profundos de inequidad, la violencia escaló en muchas regiones y la democracia, otrora amenazada por golpes de Estado autoritarios, ahora es desafiada por la Criminalidad Organizada. El consumo de drogas, por su parte, aumenta; nuestras cárceles están colmadas por personas que son consumidoras y el tratamiento es insuficiente tanto en calidad como en cantidad.

La CICAD no ha permanecido inerte frente a estos problemas. Hace tres años el Secretario General de la OEA planteó a esta misma reunión que había llegado el momento de revisar la Estrategia de 1996. Hoy tenemos una nueva Estrategia y un Plan de Acción para implementarla. Agradezco a Brasil y a México el liderazgo que ejercieron en el proceso que nos permitió, en sólo dos años, contar con estos nuevos instrumentos que nos permitirán enfrentar los desafíos del presente con herramientas  del presente.

Todo lo ocurrido durante este cuarto de siglo me lleva a afirmar sin dudar que la CICAD ha avanzado a pasos de gigante durante su corta pero fructífera existencia.

Hoy podemos celebrar a una CICAD madura y plenamente sintonizada con los objetivos  y las  orientaciones de la Organización de los Estados Americanos en materia de seguridad. Unas orientaciones y unos objetivos que hemos sintetizado en el concepto de Seguridad Inteligente.

Una Seguridad Inteligente  que nos impone, en cada acción desarrollada,  una identificación objetiva y basada en evidencia de los temas que serán objeto de esa acción.

Una Seguridad Inteligente que nos obliga a que toda propuesta esté basada en necesidades y capacidades nacionales o regionales;  que nos compromete a que nuestras propuestas estén  basadas en experiencias positivas y se realicen en alianza con actores relevantes; que nos lleva siempre a mantener un enfoque multidimensional, a objeto de asegurar una respuesta sistémica a los problemas.

Una Seguridad Inteligente, por último, que nos exige que todos los resultados de lo que hacemos sean evaluados. Eso es lo que hacemos en la OEA y eso es lo que hace CICAD. Eso es Seguridad Inteligente.

También es seguridad inteligente proyectar nuestras políticas, nuestras estrategias y nuestras instituciones de Seguridad más allá de la contingencia política. Debemos hacer un esfuerzo porque, tanto en nuestros países  como en el ámbito multilateral, esas políticas, estrategias e instituciones sean vistas desde una perspectiva de Estado y no como una labor restringida a gobiernos particulares. Cuando alcancemos definitivamente esa visión de Estado nuestra capacidad de enfrentar la inseguridad se habrá potenciado y nuestros esfuerzos serán más eficientes.

Siempre en un marco de seguridad inteligente debemos seguir ampliando nuestra visión y nuestras perspectivas frente al problema que enfrentamos. Admitir que éste crece y cambia de formas y que por lo tanto también nosotros debemos crecer y cambiar las formas de nuestro accionar.

Hoy se debe reconocer las dificultades de enfrentar el problema de drogas, incluso en su dimensión de reducción de la demanda, sin entender y sin hacernos cargo del contexto general de amenazas a la seguridad en que éste se genera. Un contexto en el cual es actor principal el crimen organizado y en el cual es imposible combatir una de sus manifestaciones sin enfrentar al conjunto de ellas.

Los Estados Americanos, por intermedio de la Secretaría General de la Organización que los reúne, fueron sabios en situar a la Comisión Interamericana Contra el Abuso de Drogas en una Secretaría dedicada a enfocar los desafíos a la seguridad con un enfoque multidimensional.

Eso nos permite ofrecer a la Comisión Interamericana Contra el Abuso de Drogas una visión amplia y compleja de los desafíos a la seguridad. Una visión multidimensional que permitirá a la CICAD enriquecer su labor mientras la Secretaría se enriquece con la labor de la CICAD.

Hoy podemos reunir, en un solo esfuerzo, en la Secretaría de Seguridad Multidimensional, las acciones destinadas a reducir la demanda de drogas con las de protección de fronteras por donde esas drogas transitan ilegalmente.

Hoy podemos tener una sola visión sobre todas las actividades que producen ganancias ilícitas, incluidas aquellas relacionadas con drogas, y encaminar acciones destinadas a combatir el lavado de los activos producidos por ellas.

Hoy podemos combatir el delito cibernético y el uso de tecnologías de información y comunicación para cometer toda clase de delitos, incluidos aquellos relacionados con drogas.

Hoy podemos reunir en un solo esfuerzo acciones destinadas a reducir o eliminar el tráfico de drogas con acciones destinadas a combatir el tráfico de armas de fuego de las que se valen los traficantes para proteger sus actividades delictivas. Sobre este punto no puedo dejar de recordar el recientemente publicado Reporte Global Sobre Homicidios, de la Oficina de Naciones Unidas Sobre Drogas y Delito, establece que el 74% de todos los homicidios cometidos en nuestro hemisferio son cometidos con armas de fuego, lo que contrasta con el promedio mundial que sólo se eleva a 42 por ciento. El mismo informe divide al mundo en 15 regiones, de las cuales las cuatro con más altos índices de homicidios por armas de fuego son, en este mismo orden, Sud América, El Caribe, América Central  y Norte América. No se puede desligar esta terrible realidad, del problema de drogas.

Hoy sabemos, también,  que  la trata de personas es una de las actividades de que se vale el tráfico de drogas y otras actividades criminales para desarrollarse y expandirse. Y que por lo tanto es imposible combatir una sin tener que combatir la otra.

Hoy sabemos, por último, que no tiene sentido reunir y difundir información relativa al problema de drogas sin asociarla a información relativa a otras actividades y actores del ámbito de la seguridad. Que es necesario integrar Observatorios de Seguridad Ciudadana en el que todos los problemas estén reflejados para, de ese modo, poder construir diagnósticos verdaderamente eficientes de nuestras realidades.

Somos conscientes de que los éxitos y fracasos de la respuesta a los problemas multidimensionales a la seguridad se traducirán en éxitos o fracasos de las respuestas al problema mundial de drogas. Y que los buenos o malos resultados de los esfuerzos relativos al problema de drogas tendrán un efecto directo en los resultados de la respuesta general a la inseguridad multidimensional que tanto preocupa los Estados miembros de la Organización.

Por ello es que reafirmo que la labor de esta Comisión es crucial y la responsabilidad a la cuales ustedes están llamados, ineludible.

Y por ello, también, es que hoy saludo a una CICAD que es parte viva y fecunda de la OEA. Una CICAD que es un engranaje principal del esfuerzo con que los Estados de Americanos enfrentan los desafíos a su seguridad.

Sean ustedes nuevamente bienvenidos y, al inaugurar esta quincuagésima reunión de CICAD  al cumplir veinticinco años de fecunda existencia, les deseo éxito en sus trabajos.

Muchas gracias

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