Woodrow Wilson: gang intervention

Buenos días a todos.  Gracias a los organizadores de este evento por invitarme a hablar; es un placer estar aquí con ustedes. 

Asumí el puesto de Secretario de Seguridad Multidimensional de la Organización de los Estados Americanos en el mes de agosto del 2010.  De inmediato confrontamos una crisis de seguridad, en el marco de la masacre de 72 personas a manos de los Zetas el 22 y 23 de agosto en el estado de Tamaulipas, México.  Este grupo de 72 personas, la mayoría de ellos migrantes de Centroamérica y Sudamérica, incluía hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, brasileños, y un ecuatoriano.[1]  El carácter transnacional de este delito trágico subrayó varios temas de seguridad que afectan al sistema inter-americano (e.g. derechos y bienestar de migrantes, delito organizado, tráfico de drogas, etc.) y nos llamó la atención. 

Esta horrible matanza no fue un incidente sin precedente en las Américas.  Según el Informe Sobre Seguridad Ciudadana en las Américas que acaba de emitir el Observatorio Hemisférico de Seguridad de la OEA, la tasa de homicidios en las Américas ha crecido de 126, 539 en 2007 a 144, 733 en 2010.  La última década ha visto un crecimiento histórico del poder y de la presencia del delito organizado transnacional en las sociedades de las Américas, un fenómeno relacionado con el aumento de homicidios y de violencia, especialmente en Centroamérica.

En diálogo con el Secretario-General, buscando un mejor planteamiento sobre estos y otros temas, llegamos a un modelo que llamamos la “seguridad inteligente.”

La seguridad inteligente implica “la integración, en cada acción de la Secretaría, de a) una identificación objetiva y basada en evidencia de los temas que serán objeto de la acción, b) propuestas basadas en necesidades y capacidades nacionales o regionales, a objeto de garantizar el apropiamiento por parte de los beneficiarios de los proyectos y su sustentabilidad, c) propuestas basadas en experiencias positivas y en alianza con actores relevantes, d) Un enfoque multidimensional que asegure una respuesta sistémica a los problemas y e) la evaluación de los resultados.”[2] 

Este modelo, según su segunda parte, requiere un conocimiento integral de los sistemas de seguridad de los países miembros de la OEA.  Para lograr este fin, establecimos un programa piloto de diagnósticos de sectores nacionales de seguridad.  Hicimos diagnósticos, a invitación de los gobiernos respectivos, en El Salvador, Belice, Costa Rica, y Honduras.  Cada diagnóstico fue integral, penetrante, e imparcial, y proporcionó un informe confidencial analizando las debilidades y puntos fuertes del sistema nacional de seguridad que se le otorgó al gobierno. 

A diferencia de otras evaluaciones, los diagnósticos de este programa se enfocan en un análisis de las relaciones entre sectores de seguridad – entre fuerzas privadas y públicas y entre varios sectores del gobierno, incluyendo el sector policial, el jurídico, el penitencial, y los programas sociales.  Intentan identificar oportunidades de mejorar la comunicación entre sectores, y de efectivamente coordinar esfuerzos.

La filosofía detrás de estos diagnósticos, un pilar importante del modelo de seguridad inteligente, es una firme creencia en el poder de instituciones y cultura en la lucha contra la inseguridad y el delito.  La solución al problema de la inseguridad no es sencillamente más seguridad – más policías, más tropas, leyes más fuertes contra el delito – sino seguridad más inteligente y más eficaz, un sistema de seguridad que cuenta con instituciones fuertes, transparentes, y colaborativas, y una cultura de respeto al imperio de la ley y a las responsabilidades y derechos que implica la ciudadanía.  Esta es la idea que queríamos implementar a través del modelo de seguridad inteligente.

Entre los desafíos más grandes que enfrentábamos en los primeros meses fue el problema de violencia y crimen en Centroamérica.  Debido al crecimiento de organizaciones criminales transnacionales en la región, la tasa de homicidios ha aumentado dramáticamente en los últimos años, de 9,486 homicidios al año en 2000 a 18,401 en 2010. 

Para crear un plan eficaz y capaz de enfrentar a este gran desafío, buscamos precedentes relevantes.  Dos programas en particular nos llamaron la atención: el programa MAPP (Misión en Apoyo al Proceso de Paz, implementado por la OEA) en Colombia y la CICIG (Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala), creada por iniciativa de las Naciones Unidas.  Ambos programas se dirigen a problemas similares a los que atormentan la región de Centroamérica – la violencia civil, el delito organizado, la corrupción, y la debilidad de instituciones jurídicas y de aplicación de la ley – y han cumplido sus mandatos con mucho éxito.  Yo tuve el placer de reunirme con Carlos Castresana, jefe y principal autor de la CICIG, en el mes de marzo del año en curso.  También me reuní con Marcelo Álvarez, jefe del MAPP, varias veces a lo largo de este año.  Después de un estudio completo de los desempeños del MAPP y la CICIG y de su aplicabilidad al contexto de la región, creamos una iniciativa que llamamos la “Misión de Apoyo a la Seguridad en Centroamérica,” MAS Centroámerica.

MAS Centroámerica es uno de los pocos programas de la Secretaría con un enfoque exclusivamente regional.  Instalada en Belice, Guatemala, Honduras, y El Salvador, MAS “busca articular un Programa de Cooperación  orientado a fortalecer la institucionalidad de estos Estados en el ámbito de la seguridad; a crear condiciones y facilitar la reintegración social de personas que decidan separarse de grupos generadores de violencia o delito; a propiciar la regeneración del tejido social de las comunidades afectadas  por el delito y la violencia; y a facilitar la creación de espacios de colaboración entre esos cuatro Estados para enfrentar su problema común.”[3]  Esta misión está estrechamente alineada con las prioridades y políticas del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

Bajo el marco del programa MAS Centroamérica, iniciamos actividades en El Salvador.  En el mes de junio del 2011, la anual Asamblea General de la OEA tuvo lugar en San Salvador.  El tema de la Asamblea, elegido por el país miembro anfitrión, fue “Seguridad Ciudadana en las Américas.”  Antes del evento, habíamos entrado en discusión con el gobierno salvadoreño sobre la posibilidad de hacer un diagnóstico del sistema de seguridad en el país.  Esto no fue nada fácil, ya que requería que el gobierno se sometiera a una evaluación invasiva; además, El Salvador fue el primer país en recibir este diagnóstico.  Durante la Asamblea, sin embargo, El Salvador públicamente nos dio permiso para hacer el diagnóstico.  Después de unos obstáculos – Manuel Melgar, el Ministro de Justicia y Seguridad, resignó su cargo a principios de noviembre, lo cual impulsó una reorganización del ministerio y dificultó el proceso del diagnóstico – lo terminamos, y formalmente entregué el informe al gobierno a fines del año.

El gobierno de El Salvador y el nuevo Ministro de Justicia y Seguridad, David Munguía Payés, contemplaron varias opciones para adelantar el estado de seguridad ciudadana.  En febrero del 2012, Munguía Payés me invitó a asistir a una reunión de los gabinetes de seguridad de los países del Triángulo Norte: El Salvador, Guatemala, y Honduras.  La declaración que salió de esta reunión enfatizó la necesidad de una reforma integral a los sistemas centroamericanos de seguridad y subrayó la importancia de cooperación internacional en temas de seguridad.  Me complacía mucho esta posición, que compartía muchas de las ideales de la OEA y de la seguridad inteligente.

Concurrentemente, Monsignor Fabio Colindres, Obispo Castrense de El Salvador, y Raúl Mijango, un abogado y ex-guerrillero, llegaron a un acuerdo con los líderes de las dos pandillas más grandes del país.  Negociando en secreto con pandilleros encarcelados de las pandillas Calle 18 y Mara Salvatrucha, Colindres y Mijango dieron una noticia imprevista a la nación: las dos pandillas habían firmado una tregua.  En los siguientes días y semanas, la tasa nacional de homicidios bajó de 16 muertes al día a 5 muertes al día; se ha quedado en este nivel hasta hoy.

En abril, después de un año de viajes y de colaboración con el gobierno de El Salvador, ofrecí los servicios de la OEA y de la Secretaría de Seguridad Multidimensional al Ministro Munguía Payés para apoyar este proceso de pacificación y fortalecimiento de la seguridad pública.  Fui a visitar a los mareros encarcelados, y me pidieron, en diálogo con Mijango, Colindres, y representantes del gobierno, que la OEA se encargue de ser el “garante” del proceso.

Yo me he dedicado a hacer lo que pueda para garantizar la relación entre la OEA, el gobierno salvadoreño, la sociedad civil, y los pandilleros.  Viajo a El Salvador cada mes y hablo con los actores principales con  mucha frecuencia.  En la Secretaría hemos planeado una serie de iniciativas para asegurar la tregua y reducir los niveles de violencia, iniciativas que pronto entrarán en vigencia.  Hay programas ya existentes, programas creados por el gobierno, varias ONGs, y unos cuerpos de la OEA, y con tiempo y fondos habrán más.

Hemos tenido la oportunidad de trabajar en otros países de la región también.  Después del éxito del diagnóstico en El Salvador, llegamos a varios acuerdos.  En Honduras, hicimos un diagnóstico y, en cooperación con el gobierno, creamos un órgano coordinador para implementar las recomendaciones del examen.  Esta Comisión para Reformar la Seguridad Pública en Honduras consiste en cinco comisarios: tres oficiales hondureños, un oficial chileno, y yo.  Nombrados con el apoyo del gobierno hondureño, nos reunimos con frecuencia y coordinamos con el gobierno y con la comunidad internacional.

Entre las cosas más importantes que he aprendido en Honduras, en El Salvador, y en la implementación del MAS Centroamérica es la urgente necesidad de un liderazgo fuerte y atrevido.  No hablo únicamente de liderazgo gubernamental, pero también de liderazgo en la comunidad internacional, en la ciudadanía, y hasta en las organizaciones delincuenciales.  Este planteamiento que proponemos requiere que todos estos líderes se arriesguen.  Para el gobierno y los líderes de la sociedad civil, no es fácil dejar la mano dura y buscar una relación constructiva con los pandilleros y ex-pandilleros – y para los pandilleros es igualmente difícil.  Y para la comunidad internacional y el sector privado es riesgoso contribuir apoyo y fondos a un proceso incierto.  Pero eso es lo que se necesita, y líderes de todos estos sectores han demostrado que están dispuestos a arriesgarse.

Quiero dejar esto claro, y con esto termino: no excuso ni absuelvo a los pandilleros convictos, a los delincuentes culpables de actos de violencia.  No quiero que no reciban justicia.  Pero estoy convencido de que una sociedad padeciendo de un conflicto interno no puede curarse con más conflicto.  La única manera sustentable de acabar con este conflicto es de reintegrar los delincuentes a la sociedad.  Aunque no sea fácil, en combinación con un fortalecimiento de las instituciones estatales de seguridad y gracias a la valentía de los gobiernos de El Salvador y Honduras, creo que lo podemos hacer.

 

[2] Concepto de Seguridad Inteligente, 3-23-11.

[3] MAAP y MAS V3.doc

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s