Policía comunitaria: una opción para mejorar la seguridad ciudadana

Conferencia Regional en “Policía Comunitaria” 22 al 23 de Mayo 2014 Managua, Nicaragua

Adam Blackwell

Agradezco la invitación que me hiciera llegar la embajada del Reino de los Países Bajos en Costa Rica y del Programa PREVENIR de la Cooperación Alemana para participar en esta conferencia con un tema  que es de central importancia para la región, sobretodo ahora que los ojos de la ciudadanía están puestos en la policía.

Hace pocos meses celebramos los diez años de la Declaración sobre Seguridad en las Américas, documento consensuado y visionario del cual estamos muy orgullosos pues fue esta Declaración que dio a luz a un concepto de seguridad que va más allá de las definiciones tradicionales – que sustituye estas definiciones por enfoques integrales, pero lo más importante: que coloca al ser humano en el centro de la agenda de seguridad.

También hace pocos meses entregamos un Informe sobre el Problema de Drogas como nos fue encargado por los Presidentes y Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas; con él inició el debate necesario sobre la  política respecto al problema de las drogas y probablemente más importante sobre el crimen y la violencia. Si la supuesta “guerra contra las drogas” y el crimen se acabó, por los resultados insatisfactorios  y los daños colaterales causados entonces, ¿qué sigue?.

Tenemos la obligación de crear una nueva respuesta a estos problemas ya que los secuestros, asesinatos, el tráfico de droga, armas, personas, los altos crímenes de violencia siguen siendo una amenaza para nuestros ciudadanos y la percepción de inseguridad aun es alta. Los Estados (nuestros gobiernos y políticos) buscan dar respuesta a estos problemas pero ¿qué política debe sustituir a esa “guerra en contra”?.

Ante esta interrogante, por nuestra parte llegamos a una metodología que llamamos “seguridad inteligente.” Algunos principios de este modelo son:

  • La identificación de problemas a través de diagnósticos basados ​​en la evidencia y en los datos que brindan los observatorios de seguridad y sus estadísticas.
  • El desarrollo de programas y propuestas de proyectos que tengan en cuenta las necesidades específicas de los Estados miembros, así como las realidades nacionales y regionales.
  • El trabajo sobre la base de buenas prácticas o modelos existentes y adaptando estos mismos a otros contextos – nadie tiene el monopolio de las buenas ideas y hay ejemplos de excelencia en todas partes.
  • La creación de un enfoque multidimensional o integrado que garantice una respuesta sistémica.
  • Y por último, la evaluación de los resultados; no sólo de los proyectos en sí, sino de las leyes, las tácticas y la estrategia.

Sólo quiero enfatizar el primero de los aspectos de este modelo, aquel que establece que  es necesario que nuestras políticas y procesos estén basados en evidencia. Lo que he aprendido después de visitar sus países es que la solución al problema de la inseguridad no es necesariamente más seguridad – más policías, más soldados, más equipos, leyes más duras. Lo que necesitamos son inversiones más inteligentes, integrales y más eficientes de seguridad, basadas en modelos que sí han funcionado y enfocadas en los ciudadanos y sus comunidades.

No soy ingenuo, sé que necesitamos fuerzas de seguridad profesionales,  especializadas y modernas o nunca seremos capaces de hacer frente a las amenazas nuevas y emergentes, pero también tenemos que ser honestos al decir que mano dura o actitud extremadamente dura contra el crimen han dado lugar a resultados que no son ni exitosos ni sostenibles.

En el proceso del elaboración del Informe sobre el Problema de Drogas en las Américas reunimos a 50 expertos en el tema y después de varias sesiones con una metodología bien desarrollada dibujaron los marcos sobre los que tenemos que trabajar. Quiero resaltar tres de esos marcos o escenarios,  que se  llamaron: “juntos”, “caminos” y resiliencia”, y que pueden ser totalmente aplicables a cualquier problema de seguridad ciudadana, voy a mencionar ejemplos:

Sobre el primer escenario “Juntos”, los expertos han dicho que el problema de seguridad lo hemos combatido de manera insuficiente, inadecuada y con instituciones débiles. Es necesario fortalecer las instituciones para que sean capaces de controlar el fenómeno criminal, pero también tener instituciones transparentes, coordinadas. Y creo que vamos avanzando hacia esto: En octubre del año pasado celebramos en la ciudad de México la primera reunión del Grupo Técnico Subsidiario sobre Gestión de la Policía en la que participaron representantes de 25 Estados miembros. Por primera vez en un foro político hemisférico nuestros representantes de la policía fueron capaces de hablar libremente acerca de sus planes, prioridades y preocupaciones. Aprendí mucho de este encuentro – no era lo que esperaba, pero el discurso giró sobre instituciones  modernas, transparentes y responsables – con un énfasis en la comunidad y la prevención.

El segundo escenario es llamado “Caminos”. Francamente el propósito de caminos es hacer recalcar la necesidad de tomar otros caminos o rutas alternativas para la solución de problemas a la seguridad, cuando la ruta que hemos tomado no resuelve mucho.  Es escuchar lo que los diagnósticos indican y si indican que debemos buscar soluciones/políticas alternativas, entonces hay que estudiarlas y aplicarlas. Por ejemplo, en algunos casos la represión afectó la sobrepoblación en las cárceles, produciendo más violencia en las cárceles y menos reinserción social exitosa; en cambio podemos aplicar alternativas al encarcelamiento como los Programas de Cortes de  Tratamiento de Drogas y los programas de integración social  para delincuentes.

Para cambiar de alternativa es clave romper con algunos “tabus” sociales como que la adicción a las drogas es un crimen, en vez de una enfermedad, o que un pandillero es únicamente perpetrador de crimen, y no una víctima de la exclusión social que lo ha dejado sin alternativas y oportunidades. Cuando comenzamos a ver el problema de manera diferente (y desde su raíz) podemos encontrar caminos alternativos.

Mencionaba al comienzo que la percepción de seguridad preocupa sobretodo a los políticos, que razonablemente quieren resultados que hablen. Pero tenemos que examinar a fondo las medidas e indicadores que utilizamos para juzgar nuestro éxito – o fracasos. Se requiere de liderazgo político para ir más allá de los indicadores tradicionales: número de policías, detenciones, kilos de drogas incautadas, las tasas de homicidio y de la población penitenciaria – En cambio deberíamos estar hablando de número de trabajadores sociales de centros de prevención y tratamiento, de disminución de las tasas de reincidencia, bajar costos de la seguridad privada y aumentar el respeto y la confianza en las instituciones del Estado.

El tercer escenario se llama “Resiliencia” donde la base de la solución a los problemas de seguridad está en la sociedad. Son necesarias políticas con enfoque en la comunidad, especialmente prevención de la violencia para los niños, las mujeres y los jóvenes. El informe del PNUD sobre la seguridad en las Américas señala que el 80% de los delitos son cometidos por jóvenes y en la mayoría de los casos en contra de jóvenes. Es necesario fomentar la justicia restaurativa con un enfoque en la rehabilitación, la reinserción y la reducción de las tasas de reincidencia y hacer más y mejores inversiones en asistencia a las víctimas y a la resolución pacífica de los conflictos. Estas dos van de la mano, las pandillas y los autores de la violencia han dejado profundas cicatrices en gran parte de nuestra sociedad, estos necesitan ser tratados si queremos romper con los ciclos de violencia.

Este último punto, trabajo con las comunidades desde los gobiernos locales, me parece uno de los más importantes. Lo recalco particularmente en esta conferencia – aprovechando la presencia de los alcaldes presentes. Precisamente el 19 y 20 de septiembre pasado, en el marco del Proceso de Pacificación Social no Convencional derivado de la tregua entre pandillas, organizamos en San Salvador una reunión con los 11 alcaldes de los “municipios libres de la violencia” junto con representantes de la sociedad civil, del sector privado y especialistas internacionales  en temas de intervención y mediación en contextos donde operan pandillas. Lo más importante de esa reunión fue la convergencia de ideas, temas y experiencias entre los diferentes enfoques, y el consenso que el verdadero cambio a los problemas a la seguridad comienza desde este nivel, desde las comunidades bases.

Ahora quiero hacer una reflexión muy particular en el tema de policía. Lo que hemos visto sobre la  base de la evidencia, es que los modelos de policía que son exitosos y que tienen altos niveles de credibilidad y confianza en las comunidades por lo general tienen los mismos “ingredientes” y que la “receta secreta” se conforma con una policía muy profesional, bien capacitada, con un reclutamiento basado en méritos, transparente, que trabaja y tiene relaciones estrechas con la sociedad civil y las comunidades, enfocada en la prevención del delito. Podemos estudiar estas mejores prácticas y modelos de otros países para tomar como ejemplo las “recetas” y aplicarlas a nuestras policías e instituciones. Celebro el exhaustivo análisis que el programa PREVENIR preparó sobre la Implementación de la Policía Comunitaria en Centroamérica, que sin duda es un gran insumo para valorar y evaluar los modelos de Policía que estamos ahora implementando.

Por lo anterior es esencial el desarrollo de la carrera profesional de los y las agentes de policía, constituido por el establecimiento de mecanismos de formación permanente y de especialización. Las fuerzas policiales deben contar con el personal y la infraestructura especializada para brindar un servicio de calidad según las necesidades de aquellos sectores de la población más vulnerables frente a la violencia y el delito, como las mujeres, los niños, niñas y adolescentes y la población migrante, entre otros.

Es necesario identificar las competencias necesarias para el buen desarrollo de la actividad policial, tomando en consideración los nuevos desafíos a la seguridad. Y entonces, actualizar los conocimientos y prácticas profesionales de todo el personal policial, planificando e implementando por medio de las instituciones competentes cursos, seminarios y conferencias, a la vez que proporcionando los materiales de estudio que tengan por objeto la capacitación profesional continua  de los y las policías.  También se requiere que las instituciones policiales brinden al personal policial las facilidades para asistir a las actividades de actualización profesional, y que puedan continuar y profundizar su nivel educativo. No debemos soslayar la necesidad para orientar adecuadamente las actividades de formación y especialización, de que las autoridades responsables evalúen periódicamente los conocimientos profesionales del personal de las fuerzas policiales.

En este sentido desde la Secretaría de Seguridad Multidimensional, a través del Departamento de Seguridad Pública, hemos creado la “Red Interamericana de Desarrollo y Profesionalización Policial”, programa que busca reducir las asimetrías existentes entre nuestras instituciones policiales. Un eje fundamental de esta Red está basada en la capacitación policial por competencias y la promoción del desarrollo profesional, esto es la capacitación policial asentada en la producción de competencias y destrezas profesionales específicas derivadas de las labores ocupacionales y las tareas básicas propias de los agrupamientos y especialidades policiales, tendiendo siempre a un entrenamiento dinámico y permanentemente actualizado.

Para desarrollar esta Red realizamos una investigación exhaustiva con un gran número de expertos y consultas documentales sobre las realidades de las instituciones policiales. La investigación permitió identificar tendencias que reflejan los retos y necesidades de capacitación policial.

En este contexto, el programa es concebido desde un enfoque sistémico y de gestión de conocimientos policiales, con la creación de una red de cooperación internacional, basada en el siguiente esquema:

  1. Curso Presencial de Capacitación anual para dos oficiales por país, en la Academia de la Policía Federal de Brasil.
  2. 10 Cursos Virtuales de Capacitación Policial impartidos en forma cuatrimestral a través de una plataforma de educación en línea. Cada curso tendrá un cupo de 5.000 oficiales (con 1 tutor cada 50 participantes).
  3. Seminarios sub-regionales: a partir de los factores regionales y sin perder la perspectiva de “glocalidad” de los fenómenos que afectan la seguridad publica en el hemisferio, los seminarios facilitarán el intercambio y la transferencia de experiencias y conocimientos regionales. Este escenario sin lugar a dudas le dará un alcance de integralidad  a la Red Interamericana de Desarrollo y Profesionalización Policial.
  4. Red Permanente de Intercambio de Experiencias: Con el propósito de fomentar el intercambio de información entre los funcionarios policiales, así como entre estos y los docentes universitarios, se creará una red virtual permanente, la cual fortalecerá los procesos de capacitación, así como la cooperación entre las instituciones policiales de la región, permitirá el intercambio de información y conocimientos, creará un espacio para la reflexión y el trabajo colaborativo y en grupo, etc.

Todo esto con el valor agregado de la participación de Universidades de primer nivel como la Universidad de San Pablo, y con un proceso continuo de monitoreo y evaluación por parte de los Estados Miembros.

La Red se plantea entre sus resultados: 340 policías lideres entrenados y capacitados para promover el programa en los Estados Miembros; 200.000 policías de la región capacitados en 5 años y conectados  mediante una Red de Cooperación Policial e Intercambio de Experiencias; agregar el valor científico de las universidades en el desarrollo profesional de las policías a través de la acreditación de los cursos ofrecidos; y fortalecer la cooperación horizontal

Como podrán apreciar, este programa ejemplifica el concepto de “seguridad inteligente” que les mencioné al inició de esta presentación. Aquellos que deseen conocer en mayor profundidad este programa pueden acercarse luego al Coordinador General de la “Red Interamericana de Desarrollo y Profesionalización Policial” que se encuentra aquí con nosotros.

Además de esta Red coordinamos nuestros esfuerzos con AMERIPOL a través de oficiales de enlace entre la Secretaría General de la OEA y AMERIPOL con el fin de contribuir positivamente en las actividades entre ambas instituciones.

No quiero dejar de mencionar que los Estados Miembros de la OEA reconocen la necesidad de “desarrollar programas de acercamiento con la comunidad (proximidad social), que fortalezca la legitimidad de las instituciones policiales  y contribuya con el compromiso de corresponsabilidad de la policía y la comunidad para reducir la inseguridad” como lo reflejaron en las conclusiones de La Primera Reunión del Grupo Técnico Subsidiario sobre Gestión de Policías.

Mi mensaje aquí, y con ello voy a terminar, es que debemos trabajar por un sistema que de forma inteligente invierta en instituciones fuertes, transparentes y colaborativas; enfocadas en la comunidad, teniendo siempre presente que el eje fundamental de la seguridad debe estar centrada en la seguridad humana, como nos vino a  recordar la misma Declaración sobre Seguridad en las Américas hace 10 años.

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