Palabras del Embajador Adam Blackwell, Seminario: Visión Estratégica de la Seguridad Pública: un diálogo entre la sociedad dominicana y la Policía Nacional, 13 de julio de 2011

EN MATERIAS DE SEGURIDAD EL FUTURO ES AHORA

Presentación de Adam Blackwell, Secretario de Seguridad Multidimensional de  la OEA, en el seminario: Visión Estratégica de la Seguridad Pública: un diálogo entre la sociedad dominicana y la Policía Nacional

Santo Domingo, República Dominicana

13 de julio de 2011.

Permítanme, antes que nada,  felicitar a los autores de la feliz iniciativa de este diálogo y agradecerles que me hayan invitado a ser parte de él. Desde que tuve el honor de representar a mi país, Canadá, como Embajador en este bello país no he dejado de estar interesado en su evolución y progreso. Con relación a muchos temas me siento un dominicano más y espero que ustedes me acepten como tal. El tema de la seguridad es, desde luego, uno de esos y creo que, con esta reunión, ustedes lo están abordando muy bien. Por eso les agradezco que me permitan ser parte de esta conversación.

Lo que los países de las Américas necesitan con urgencia en este momento es justamente un diálogo entre la sociedad y la policía. Un diálogo que debe servir en primer lugar para establecer una conciencia común, compartida, acerca de las dimensiones del desafío  que nuestras sociedades están enfrentando en materia de seguridad. Y un diálogo que sirva, también, para establecer las bases de la necesaria cooperación entre la sociedad y sus instituciones en el enfrentamiento de ese desafío. Estoy convencido de que sin esa comprensión y sin esa cooperación, será muy difícil y quizá imposible que esa tarea culmine con éxito.

Porque el problema es, en verdad, gigantesco. Ayer, entre Alaska y la Tierra del Fuego, en el continente americano y las islas del Caribe se cometieron 630 homicidios intencionales. Hoy, una cantidad parecida de seres humanos será nuevamente asesinada. Ayer se produjeron 55.000 robos; 10.000 casas y otros locales fueron asaltados; 420 mujeres fueron violadas y 330 personas perdieron la vida en accidentes automovilísticos fatales. Ayer probablemente se produjeron alrededor de 2 toneladas y 700 kilos de cocaína en laboratorios clandestinos de algunos de nuestros países y hoy, seguramente, se producirá la misma cantidad. Sólo el año pasado alrededor de doscientos millones de latinoamericanos y caribeños, casi un tercio de toda la población de América latina y el Caribe,  fueran víctimas de un acto criminal.  Esas son algunas de las cifras oficiales del crimen y la violencia en nuestra región; las cifras que diferentes instituciones oficiales de algunos -no todos-  los Estados miembros de la OEA recogen y divulgan.

Pero ustedes saben, nosotros en la OEA también sabemos, y sobre todo lo sabe la sociedad que la sufre, que la realidad es mucho más conmovedora de lo que esas cifras están mostrando. Sabemos que ninguna enfermedad, ninguna pandemia, ningún desastre natural está causando tantas muertes y destruyendo tantos hogares, de manera sistemática, como hace hoy día el crimen y la violencia en las Américas. En realidad todos somos conscientes que el adversario que enfrentamos en nuestra tarea de procurar seguridad y paz a las personas que habitan en nuestros países, es capaz de provocar un daño mucho mayor que el que muestra nuestra limitada capacidad  de registrarlo.

Ese daño está presente dramáticamente en las vidas arrebatadas por la violencia criminal, intencionada o culposa. Está presente en las vidas condenadas a la esclavitud sexual y a trabajos forzados como consecuencia del tráfico de personas. Está presente en la desaparición del resultado de una vida completa dedicada al trabajo decente y honesto, cuando es saqueado en un robo o un asalto. Y sus consecuencias también están presentes en el deterioro de importantes áreas de actividad económica en nuestros países, como el turismo o la producción agraria.

Además no podemos dejar de advertir que la actividad de los actores del crimen y la violencia ya comienza a amenazar incluso el control del Estado sobre ciertas áreas geográficas de algunos países de nuestra región. Que busca alterar los procesos institucionales democráticos en muchos de ellos y que permanentemente  influye como agente corruptor de instituciones públicas y privadas dondequiera que se hace presente.

Somos conscientes, en suma, que la falta de seguridad no sólo afecta directamente a la integridad física, a la tranquilidad  y al patrimonio de las personas, sino que constituye también una amenaza  a la estabilidad, al fortalecimiento democrático, al estado de derecho y al desarrollo de todos los países de las Américas.

Por ello es que los policías y las autoridades de seguridad, que la sociedad que participa en diálogos como este, y que nosotros, la Organización de los Estados Americanos, somos conscientes de que debemos prepararnos como nunca antes lo hicimos para enfrentar este desafío. Que ya no se puede esperar para desarrollar nuevas capacidades o reunir nuevos recursos, porque nuestro adversario ya ha reunido nuevas capacidades y nuevos recursos para llevar a la práctica su actividad criminal. Hoy el crimen y la violencia, y en particular en su versión de crimen organizado, actúan transnacionalmente utilizando tecnologías de última generación. Nos amenazan colectivamente movilizando ejércitos no sólo de sicarios sino también de profesionales de las más diversas disciplinas. Sus capacidades amenazan con superarnos no sólo en número de efectivos y en armamento, sino también en ámbitos tan especializados como la inteligencia y las finanzas. El crimen se ha organizado en redes que actúan globalmente y, para combatirlo, también debemos desarrollar nuestras redes y actuar globalmente.

Ya no podemos esperar el futuro para prepararnos, porque en materia de amenazas a la seguridad el futuro ya nos alcanzó. Está aquí, entre nosotros, todos los días.

Frente a esa situación mi mensaje es uno solo: la OEA está en condiciones y dispuesta a apoyar a las instituciones de sus Estados miembros para lograr entrar al futuro hoy día. Para desarrollar sus capacidades técnicas y humanas de modo que el futuro también comience hoy  para los organismos encargados de la seguridad de los ciudadanos de nuestros países. Para contribuir a desarrollar una red interamericana al servicio de la seguridad y para actuar todos unidos en contra de los agentes de la inseguridad. Ponemos para ello a  disposición todas nuestras capacidades políticas y técnicas.

En el plano político las autoridades de la República Dominicana pueden contar con nuestras capacidades como Secretaría Ejecutiva  del Mecanismo de Seguimiento de la Convención Interamericana contra la Corrupción; del Mecanismo de Seguimiento de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer; de la Convención Interamericana contra la Fabricación Ilícita  y Tráfico de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y otros Materiales Relacionados; del Plan Hemisférico Contra la Delincuencia Organizada Transnacional;  del Mecanismo de Evaluación Multilateral de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas; del Grupo de Trabajo encargado de Elaborar la Estrategia Regional de Promoción de la Cooperación Interamericana para el Tratamiento de las Pandillas Delictivas; del Grupo técnico sobre Delincuencia Organizada Transnacional; de la Reunión de Autoridades nacionales en materia de trata de personas; de la Reunión de Autoridades responsables de las políticas penitenciarias y carcelarias; de la Reunión de Especialistas Forenses; y de los  Grupos de Expertos en Reducción de la Demanda de Drogas, Lavado de Activos, Tráfico Marítimo y Precursores Químicos.

También pueden estar seguros de contar con la institucionalidad emanada de la Reuniones de los Ministros de Seguridad Pública de las Américas y de las reuniones de Ministros de Justicia o Procuradores Generales de las Américas. Quiero recordarles que estas  instancias  permanentes de discusión y acuerdos permiten a las más altas autoridades responsables de la aplicación de la ley y de la gestión de la seguridad pública, identificar las raíces más profundas del fenómeno del crimen y la violencia en el Hemisferio y  generar consensos y acciones coordinadas para enfrentarlo.

Estas capacidades políticas que la OEA pone a disposición de los Estados que la componen, para reforzar y desarrollar sus instituciones en el ámbito de la seguridad, se han visto a su vez fortalecidas por los resultados de la reunión de su Asamblea General recientemente realizada en San Salvador. En esa reunión se  aprobó la Declaración de San Salvador, en la que se explicitó la voluntad de los Estados de las Américas de enfrentar la inseguridad ciudadana  mediante políticas públicas focalizadas en los seres humanos, que atiendan los diferentes orígenes del problema y  que permitan la participación de los diversos actores sociales. Los Estados de las Américas han decidido centrar su atención en los campos de la elaboración de leyes que atiendan directamente el fenómeno del crimen y la violencia, la aplicación de la ley, la prevención de los delitos y la rehabilitación y reinserción de las personas que hayan incumplido las leyes. De esa manera se atenderá prácticamente la totalidad de las áreas que pueden ser afectadas por problemas de seguridad. Igualmente identificaron los temas de preocupación específicos de esas políticas y de la cooperación multilateral incluyendo, junto con las situaciones de mayor impacto como aquellas asociadas al narcotráfico y al crimen organizado, a la violencia intrafamiliar, la justicia penal, el lavado de activos y los sistemas penitenciarios, entre otros.

Pero seguramente la decisión más importante fue la de elaborar un Plan de Acción para enfrentar los desafíos asociados a la seguridad ciudadana. Ese Plan de Acción comprometerá la voluntad y las capacidades de todos los Estados de las Américas y deberá comenzar a elaborarse inmediatamente.

He dicho que la OEA también está en condiciones de poner la disposición de ustedes sus capacidades técnicas. Quiero reiterarlo: en este momento estamos en condiciones de poner a disposición de las autoridades de Seguridad de la República Dominicana procesos de desarrollo de  las capacidades en seguridad pública y policía mediante procesos de Certificación ISO 9000. De igual manera ofrecemos apoyo para el fortalecimiento institucional en el ámbito de estrategias de protección de grandes eventos; seguridad turística; seguridad de fronteras; seguridad aérea; seguridad portuaria; financiamiento del terrorismo y ciber seguridad.

Además puedo anunciar que en el marco de nuestra reciente Asamblea General, hemos firmado un Acuerdo de Cooperación con la Comunidad de Policías de América (AMERIPOL), que reúne a las policías de 18 países de la región. En virtud de dicho acuerdo será posible desarrollar iniciativas específicamente destinadas a fortalecer las capacidades de las instituciones de la región responsables de la seguridad pública.

Queridas amigas y amigos.

Comencé recordando algunas cifras amargas. También puedo recordar otras que nos permiten ser optimistas. Así,  pese a lo alarmante de algunos números podemos afirmar que el crimen y la violencia no son fenómenos que estén creciendo fuera de control en nuestra región. Que la tasa de homicidios dolosos por cien mil habitantes no sólo no aumentó a lo largo de la última década sino que disminuyó ligeramente. Que si bien ha habido países que han aumentado sus índices de criminalidad, también hay otros que los han disminuido. Que por los crímenes que se cometen en nuestro hemisferio, más de 2 y medio millones de personas están en las cárceles.

Lo que la realidad de las cifras está mostrando es que, sin dejar de considerar que existe un crecimiento de los delitos comunes, el fenómeno criminal masivo y más alarmante se asocia hoy preferentemente  a las actividades del crimen organizado transnacional. Que en aquellos países y regiones dentro de países en los que es posible detectar la presencia del crimen organizado, es posible detectar también mayores niveles de violencia y criminalidad.

Ahora bien: ¿cómo se está logrando controlar el crimen y la violencia  en algunos países y regiones? Desde luego han sido muy importantes las acciones de prevención, entre las cuales hay que destacar aquellas tendientes a dotar a los jóvenes de oportunidades de capacitación, trabajo y entretenimiento que disminuyan su riesgo de caer en dependencia de drogas o situaciones de violencia. En términos generales puede decirse que en la medida en que nuestros países logren avances sustantivos en materia de desarrollo económico y social, y puedan dotar a su población -y en particular a su población joven- de mejores niveles de educación  y empleo, se estarán reduciendo los espacios para el crimen y la violencia.

Pero asimismo es muy importante considerar que la acción directa del crimen y la violencia, y en particular del crimen organizado transnacional, debe ser combatida también de manera directa. Los instrumentos a utilizar para ello son políticas adecuadas y bien implementadas en materia policial, judicial y carcelaria. En las Américas en general tienden a coincidir la existencia de mayores tasas de policías por 100 mil habitantes con las mayores tasas de personas en prisión y con la reducción o mantención de las tasas de homicidios intencionales. También se debe recordar que al crimen organizado transnacional sólo se lo puede combatir eficazmente con una acción transnacional igualmente organizada.

El futuro nos ha alcanzado, pero sabemos como enfrentar las malas noticias que nos trae. Sabemos que allí donde ha habido una aplicación sistemática de esfuerzos del Estado y la comunidad, el delito y la violencia han sido controlados o comienzan a ser controlados. Por ello se deben sumar criterios de coordinación regional, como los que impulsa la OEA, con políticas nacionales acordes a la realidad de cada país. Y por ello, también, debe imitarse el ejemplo que la República Dominicana está dando hoy con este diálogo. Sin participación de la sociedad civil la lucha contra el crimen y la violencia será estéril. Con la participación de la sociedad civil, cualquier actividad institucional se multiplica muchas veces. Debemos ser optimistas: la suma de todos estos esfuerzos nos mostrará, en pocos años  más, que la amenaza del crimen y la violencia, y en particular su motor contemporáneo, el crimen organizado transnacional, ya no es parte de un futuro que nos ha alcanzado fatalmente, sino de un pasado que habremos dejado definitivamente atrás.

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s