Palabras de apertura del Embajador Adam Blackwell, 52 Periodo Ordinario de Sesiones de CICAD – 28 de noviembre 2012

PALABRAS DE ADAM BLACKWELL EN LA INAUGURACIÓN DEL 52 PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES DE CICAD

Costa Rica

28 de noviembre 2012

  

Permítanme comenzar estas palabras agradeciendo al Gobierno de Costa Rica por la inestimable ayuda que nos ha prestado en la preparación de este período de sesiones de CICAD y por la estupenda acogida que nos ha brindado desde que estamos aquí. Es bien conocida la preocupación de la Presidenta Chinchilla por estas materias y la atención preferente que ella ha dado, desde su Gobierno, a los problemas de Seguridad, no sólo en su país, sino en toda la región. Muchas gracias Señora Presidenta.

Este  quincuagésimo segundo período ordinario de sesiones, como siempre, encuentra a la Comisión Interamericana contra el Abuso de Drogas con mucho trabajo y con una Agenda motivadora e interesante. Voy a aprovechar esta oportunidad para destacar algunos de esos temas y para entregarles la opinión de la Secretaría de Seguridad Multidimensional de la OEA sobre ellos.

Los temas a los que me quiero referir son: el proceso de elaboración del Informe sobre el Problema de Drogas en las Américas, que nos encargara la Cumbre de Jefas y Jefes de Estado de las Américas; la cuestión del crimen organizado transnacional, que como sabemos afecta de manera principal a la región centroamericana; el desplazamiento que se está manifestando en materia de contención del narcotráfico, desde un enfoque que tendía a priorizar la ejecución de la ley a otro que se preocupa más de la reducción de la demanda; y, finalmente, a los cambios que comienzan a manifestarse en algunos países en sus políticas de drogas y que sin duda deben ser tenidos en cuenta en las discusiones de esta Comisión.

Como todos ustedes saben, los mandatarios reunidos en la VI Cumbre de las Américas encargaron a la OEA la elaboración de un Informe  sobre el Problema de las Drogas en las Américas. Específicamente nos pidieron que evaluáramos las políticas y experiencias que habíamos vivido hasta ahora y que exploráramos nuevas posibilidades y alternativas.

Se trata de una gran tarea y de una inmensa responsabilidad que no habríamos podido siquiera comenzar a emprender sin el apoyo solidario de algunos países que han contribuido a financiar ese esfuerzo. Gracias a su generosidad y a la de varias organizaciones internacionales y el sector privado, estamos en el buen camino.

No comenzamos de cero para hacer este Informe. CICAD tiene 25 años de experiencia y está implementando su segunda estrategia hemisférica de drogas. Sobre esa base hemos organizado el trabajo de modo de poder entregar  a la Jefas y Jefes de Estado del continente un recuento y una evaluación de lo que ha ocurrido y de lo que hemos hecho durante los últimos años para enfrentar este problema, así como un conjunto de escenarios futuros posibles, que ellos se encargarán de evaluar y que esperamos les sirvan para sus futuras decisiones individuales y colectivas. Para la realización del trabajo contamos con la colaboración de un importante grupo de expertos. Se trata de personalidades de todo el continente americano y autoridades en la materia, que nos están aportando su experiencia y nos permitirán contar con una visión vasta y representativa.

Una de las enseñanzas que ya podemos sacar de la realización de este Informe es que, como muestra el hecho que el mismo haya debido dividirse en cinco pilares o capítulos,  la lucha contra la droga exige una respuesta integral. Una respuesta que no es tarea de un ministerio o de una agencia, sino que de muchos ministerios y agencias. Una tarea que compromete la salud, la educación y el urbanismo, junto con los de la seguridad pública. Que demanda los esfuerzos del sector privado y de la sociedad civil junto con los del Estado. Mañana presentaré al Ministro de Seguridad de Costa Rica una evaluación que hemos hecho, sobre la base de ese criterio,  del conjunto del sistema de seguridad de este país. Confiamos que sea una herramienta útil para establecer  una línea de base y algunas prioridades para el trabajo futuro.

También aprovecharemos esta reunión para dialogar con algunos de ustedes a objeto de obtener insumos para el Informe y mañana podremos compartir con el Secretario General sus impresiones sobre la marcha de este proceso

Quiero decirles que en la OEA estamos muy conscientes de la responsabilidad que se nos ha entregado al hacernos cargo de la elaboración de esta reflexión. Sobre todo somos conscientes de que nuestros mandatarios no esperan de nosotros que repitamos lo que ya todos saben, sino que ofrezcamos una visión crítica, renovada y fresca sobre estas materias. Creo que ese es el sentido, por lo demás,  del recordatorio que nos hicieran sólo semanas atrás la presidenta Chinchilla y otros mandatarios de la región, que reunidos en México nos hicieron ver que esperaban que este Informe diera cuenta, entre otras materias, del significado y proyecciones que puedan tener las tendencias y en algunas casos decisiones que están teniendo lugar en algunos países o en algunos Estados dentro de algunos países de nuestra región, relativas a la legalización del consumo de mariguana con fines recreativos.  Yo no tengo dudas de que justamente esas son las materias que un Informe como el que se nos ha pedido debe abordar y esperamos no defraudar a quienes nos lo han encargado.

Otro tema que sin duda debe preocuparnos es el del Crimen Organizado. Quiero por ello agradecer a la Presidencia, a  la Vicepresidencia y a la Secretaría Ejecutiva de CICAD por el buen tino de incluir el tema, de forma destacada, en la agenda que se tratará en esta reunión.

Desde luego no es una materia de la que recién estemos comenzando a preocuparnos. La declaración de seguridad hemisférica tiene casi 10 años de existencia y tenemos un grupo de trabajo con su plan de acción listo para ser implementado. Pero debo ser franco: se trata de un reto que tiende a superar nuestras fuerzas. El crimen organizado y particularmente el crimen organizado transnacional actúa a través de las fronteras como la más eficiente de las empresas, con una amplia diversidad de actividades y sin ninguna de las limitaciones legales que tiene un negocio lícito. Hace un mes en Guatemala, durante la Reunión de Autoridades y Expertos en el tema de Trata de Personas, la Vicepresidenta de ese país nos informó que se estima que únicamente de esa actividad ilícita el delito organizado obtiene más de 7 mil millones de dólares por año.

Por ello es que en el seno de nuestra Organización, y en particular en la Secretaría que tengo el honor de liderar, estamos haciendo un esfuerzo para que el problema del Crimen Organizado –que incluye por supuesto el tema del narcotráfico— sea abordado desde una perspectiva sistémica y sistemática.  Sistémica porque no tenemos dudas de que todos los problemas de seguridad, incluido éste, hacen parte una sola situación en la que cada una de las partes afecta a las otras. La represión al crimen organizado no puede ser visualizada ni abordada si no es junto con la de la elaboración de leyes adecuadas, con la consideración de sistemas eficaces de prevención, con la elaboración y materialización de métodos  renovados y efectivos de rehabilitación y reinserción social y con una vigorosa política de asistencia a las víctimas. Ese es el sistema de seguridad que queremos fortalecer y a eso nos estamos dedicando.

Y hablamos también de una perspectiva sistémica porque no nos cansaremos de insistir en la necesidad de abordar los temas de seguridad sobre la base de evidencia consistente, de evaluaciones certeras que nos entreguen líneas de base realistas que nos permitan constatar objetivamente nuestros avances y retrocesos en el enfrentamiento a los desafíos de la inseguridad.  Y también que en el emprendimiento de nuestros esfuerzos en esa dirección nos apoyemos en nuestras propias fuerzas, de manera de hacer sustentable lo que logramos. Y por supuesto aprender de los demás, esto es replicar las  mejores prácticas  y eludir los riesgos que han llevado a otros al fracaso.

Esa mirada sistemática y sistémica es imprescindible también en el campo del enfrentamiento al problema de drogas y, sobre todo, para definir dónde radica lo más apremiante de ese problema y el papel que en él juega el crimen organizado. Permítanme compartir con ustedes un solo dato, una sola muestra de lo que puede ser abordar este problema de manera sistemática, basándonos en la evidencia.

Como todos ustedes saben, las muertes adjudicadas al consumo de  sobredosis de drogas ilícitas se elevan en las Américas, de acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud, a 8.794 casos. Estos datos son de 2004  por lo que me excuso, pero son los últimos datos globales disponibles. Esta cifra contrasta con la ofrecida por el  Secretario de Defensa de Estados Unidos, Sr.  Leon Panetta, quien, en la Primera Reunión Trilateral de Ministros de Defensa de Norteamérica, realizada el 27 de marzo del presenta año y citando fuentes oficiales mexicanas,  anunció que 150,000 personas mueren al año en las Américas como resultado de la guerra contra el crimen organizado asociado al narcotráfico. Esa cifra fue confirmada poco más tarde  por el Gobierno de México en un comunicado oficial.

En suma, las muertes asociadas a las drogas como problema de salud representarían menos de un 6% de las muertes asociadas a las drogas como problema legal y de aplicación de la ley. Una evidencia que debe llevar a preguntarnos dónde radica efectivamente el problema de drogas y dónde debemos poner el acento cuando tratamos de solucionarlo. Soy consciente de que estoy comparando cifras que probablemente corresponden a diferentes años. Sin embargo todos sabemos que la proporción entre ellas no variaría substantivamente si ellas correspondiesen a un solo año.

Es más, deben ustedes saber que el número de muertes anunciado por el Secretario Panetta y el Gobierno de México supera largamente el número de homicidios dolosos registrado para todas las Américas en el Observatorio Hemisférico de Seguridad de la OEA. Efectivamente, el registro oficial de homicidios dolosos en las Américas en 2011 se elevó a 144,733 casos, esto es menos de lo que el Gobierno de México estima como muertes debidas al crimen organizado. La explicación radica en que, para hacer su cálculo,  el Gobierno de México adiciona las ejecuciones y muertes por presunta rivalidad delincuencial y los llamados  “fallecimientos por enfrentamiento con las fuerzas del Estado” y  las víctimas colaterales, ninguno de los cuales son considerados homicidios dolosos por las leyes.

No puede caber duda, en consecuencia, que  el crimen organizado asociado al problema de drogas no sólo  es más letal que las drogas ilícitas como problema de salud, sino que es el principal origen de muertes violentas en nuestro continente.

Los líderes de la Américas no se han mantenido ajenos a esta realidad y en la VI Cumbre de las Américas, junto con encargar el Informe al que ya he hecho referencia, decidieron la realización de un sistema de consultas tendientes a la creación, en el curso del año, de un Esquema Hemisférico contra el Delito Organizado Transnacional.

Hoy día puedo recordarles con satisfacción que esa encomienda se ha cumplido y que como resultado de esas consultas se suscribió en septiembre pasado el “Compromiso de Chapultepec”, que impulsa la creación de un e esquema hemisférico basado en dos pilares. Uno operativo, cuya constitución está teniendo lugar en estos mismos días en México merced a la generosidad del Estado mexicano, y uno político, que deberá ser constituido por la OEA en los meses próximos.

Como pueden ver, los Estados de las Américas no se han quedado de brazos cruzados frente a la amenaza del crimen organizado y tarde o temprano se impondrán sobre ella.

Otro tema que les anunciaba que quería compartir con ustedes es el incremento importante de esfuerzos y actividades en materia de reducción de la demanda que está teniendo lugar en nuestros países. Ellos vienen a balancear otros esfuerzos y actividades, igualmente importantes, enfocados en la ejecución de la ley.

Yo estoy convencido que ese balance es el mejor camino. El círculo vicioso de la inseguridad, la violencia y las drogas no será interrumpido si no se incorporan nuevas miradas, como las que proporciona la estrategia hemisférica, que incluyen al ciudadano como centro de acciones estatales o reguladas por el Estado.

Lo que acabo de decir sólo se puede traducir en la práctica en sistemas de salud más fuertes y con servicios provistos o regulados cuidadosamente  por el Estado. Un sistema de reducción de la demanda no será efectivo si no contempla actividades que comiencen en la prevención, continúen con  la educación, contemplen  el desarrollo de ambientes que eliminen o al menos reduzcan la exclusión social,  continúen en  sistemas de atención del adicto y terminen, finalmente,  con una red que permita que el ciudadano recuperado de sus adicciones pueda ser acogido por una comunidad que lo integre efectivamente.  Este sistema de reducción de la demanda está en perfecta sintonía con nuestro concepto multidimensional de la seguridad y no puede, por ello, sino ser impulsado por la OEA.

El último tema al que quería referirme  es el de algunas iniciativas nacionales como las de Uruguay y Argentina o el resultado de los referéndums de los Estados de Washington y Colorado en Estados Unidos.  También debo felicitar a los organizadores de esta reunión por incluirlo en la Agenda. Ello habla muy bien de la madurez y de la responsabilidad de la CICAD.  Creo que no podemos sino sentirnos estimulados por el hecho que dos países vayan a exponer sobre estos temas en este quincuagésimo segundo período ordinario de sesiones, tal como hace precisamente 10 años atrás, en Ottawa, lo hizo Canadá cuando presentó a esta Comisión los cambios que por aquel entonces proponía ese país.

Ahora  recuerdo mi primer contacto con el Attorney General de Trinidad y Tobago, cuando estábamos discutiendo la posible implementación de una Corte de Tratamiento de Drogas y él dudaba que la sociedad estuviese preparada para ello. Sin embargo menos de dos años después Trinidad y  Tobago ya estaba llevando a cabo una experiencia piloto en esa materia.  Algo parecido ha ocurrido en El Salvador con relación al esfuerzo de seguridad pública asociado a la llamada “tregua” entre las maras, que la Secretaría General de la OEA ha estimulado sin reservas: la comunidad entonces se manifestaba escéptica con relación a que ello fuera a resultar. Sin embargo han pasado casi nueve meses y la tregua funciona, con el efecto de una muy notable reducción de la violencia en el país.

Por ello debemos perseverar en la búsqueda de nuevos caminos, de soluciones audaces. En particular debemos sentirnos seguros y confiados en que para la CICAD no existen temas que no se puedan discutir y que, con realismo y objetividad, todos ellos serán abordados en la búsqueda de soluciones efectivas y realistas a nuestro problema.

Ya he mencionado lo importante que es el esfuerzo sistémico, holístico, dentro de los países.  Quiero agregar ahora que igualmente importante es ese esfuerzo integrador en el plano internacional. Quizá incluso más importante porque vivimos un mundo interconectado en el que sabemos que todo lo que hacemos en un lugar tiene efectos casi inmediatos en otro. Por eso es tan importante la armonización de los esfuerzos entre los países y esta reunión de CICAD es una excelente demostración de ello. Y no estoy hablando de la reunión en sí misma ni de las capacidades –que son muchas- del excelente personal de la OEA. Me estoy refiriendo sobre todo al efecto multiplicador de los grupos de trabajo de las redes de expertos, como la que conformamos todos quienes estamos participando en la reunión. Tenemos que ser conscientes que para grupos como el nuestro, con la dedicación y pasión que podemos dedicar a esta obra, todo es posible.

No hay lugar de duda que la tarea es grande. Tampoco cabe duda que entre nosotros habrá diferencias en cómo tratar esta o aquella materia. Pero de lo que no hay dudas es que todos queremos terminar  con una situación oprobiosa de adicciones, delitos y costos económicos que sólo perjudican  a los pueblos de las Américas.

Reitero mis agradecimientos al gobierno y al pueblo de Costa Rica que, como señalé al comenzar,  nos han acogido con esa espléndida generosidad a la que ya nos tienen acostumbrados. Y a ustedes les deseo un buen trabajo y mejores resultados.

Muchas gracias.

 

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